Los efectos terapéuticos de los campos magnéticos ya eran un elemento central en la medicina de la totalidad de las grandes civilizaciones de la antigüedad. Desde entonces se sabía que nuestras funciones corporales pueden ser positivamente influidas por los campos magnéticos, en especial en el tratamiento del dolor.

El hombre en su afán de conocer el fondo de las cosas, empieza a investigar las cualidades de los imanes y empieza a buscar una aplicación práctica para estos y así se inicia la investigación del fenómeno magnético. En la edad media los alquimistas utilizaban la piedra imán para efectuar algunas curaciones en donde había fracasado la medicina tradicional. Pero precisamente la medicina tradicional no aceptaba que en realidad se curasen aquellos pacientes, por ignorarse todas las propiedades del campo magnético. La mayoría de los médicos, terapeutas, instructores deportivos etc. especialmente en Europa, aprendieron de este error y no en balde, en los últimos años, miles de personas deben la mejoría de su estado de salud a la terapia de los campos magnéticos pulsantes.

El campo magnético natural de nuestra tierra es uno de los más grandes beneficios fisiológicos. Lamentablemente este campo magnético natural está autodestruyéndose por múltiples influencias negativas de la actualidad. Las causas de esta destrucción se deben a nuestra civilización. Demasiados edificios con acero y concreto nos rodean, cables eléctricos por todos lados, ni hablar de la red invisible de la telefonía celular. En consecuencia no recibimos los suficientes campos magnéticos naturales y nuestro metabolismo reacciona negativamente, trayendo consigo malestares y dolores.

El mejor ejemplo nos lo ha mostrado la investigación espacial cuando, después de los primeros viajes espaciales, la salud de los astronautas sufrió graves consecuencias (se hablaba de "la enfermedad espacial"). Por supuesto se encontró la razón de este mal: la falta del magnetismo terrestre; este problema de los astronautas se eliminó desde que la NASA colocó generadores magnéticos artificiales en las cápsulas espaciales.

La fuerza natural adentro de nosotros es la mayor cura contra cualquier enfermedad
(Hipócrates).